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Cultura Empresarial: ADMINISTRACIÓN PARTICIPATIVA POR GRUPOS

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 29 Junio 2019. Publicado en Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo humano, Desarrollo organizacional, Jorge Alberto Vale Sanchez, Jorge Alberto Vale Sanchez

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A lo largo de la historia de la humanidad los casos de sobrevivencia de anacoretas y ermitaños son más bien excepcionales frente a la necesidad natural del ser humano de vivir y organizarse en grupos. Aun y cuando nuestras expectativas personales, físicas, económicas, sociales, sicológicas y espirituales condicionan y definen nuestras decisiones cotidianas individuales, actuamos de forma natural pensando en el rol que jugamos en el grupo.

Ya desde principios del siglo pasado los estudiosos del comportamiento humano y su relación con el desarrollo de una organización, definían a ésta de manera básica como la coordinación consciente de actividades de al menos dos personas. En la práctica directiva, quizás por facilidad, nos hemos acostumbrado a visualizar una sociedad, asociación, institución o empresa a través de su organigrama y a representar las relaciones de persona a persona, considerando a quienes ocupan el papel directivo de la instancia o dependencia que se trate como parte de la misma. Es decir, asociamos las dependencias y sus directivos de forma biunívoca, considerando la práctica administrativa como la interacción dinámica entre estas personas como entes o bien dependencias aisladas. Con ello hemos dejado a un lado la práctica natural  de convivencia entre las personas  y así facilitar la interacción colectiva.

De hecho, el trabajo directivo ha evolucionado de un liderazgo autoritario-explotador a un autoritario-benevolente y de éste a un liderazgo consultivo hasta llegar a su máxima expresión de desarrollo contemporáneo: el liderazgo democrático, participativo de grupo. Esta evolución ha sido obligada por la práctica más que por la teoría, lo cual evidencia la importancia de tomar muy en serio la integración de grupos formales e informales en la organización y sus interacciones.

Un sistema administrativo centrado en un liderazgo democrático, participativo, de grupo, deposita la total confianza en los integrantes del grupo, lo que a su vez se traduce en una libertad total para discutir los temas relacionados con la competencia del grupo. En esta práctica directiva de manera permanente se escuchan las ideas y opiniones de sus miembros y la comunicación entre estos fluye en todos los sentidos: hacia arriba, abajo y horizontalmente. Además de conocer  los objetivos institucionales, el directivo líder conoce y entiende perfectamente los intereses y expectativas individuales de sus colaboradores. Al alinear y lograr el alcance conjunto de las expectativas individuales y de la propia organización se promueve el espíritu de cooperación y trabajo en equipo, logrando un involucramiento y participación de cada persona, permitiendo con ello una total delegación de la responsabilidad en cada miembro del grupo. El uso de la autoridad por  el líder es minimizado, lo que conlleva a maximizar la libertad de participación individual y colectiva, y así el grupo no sólo se responsabiliza de la toma de decisiones correspondientes a problemas de su competencia dentro del marco de las políticas institucionales, sino que se fomenta la iniciativa y creatividad personales que, sin duda, agregan un valor importante al trabajo en equipo.

Considerando un sistema de cooperación fortalecido por la capacidad de  los participantes para trabajar en conjunto, comunicarse, servir y ser responsables del alcance de los objetivos comunes, podemos desarrollar un modelo de administración participativa por grupos, en donde cada persona dentro del organigrama cumple con una función de enlace entre los diferentes grupos formales e informales que genera la estructura definida para la organización. Así, cada persona es a la vez ” cabeza de grupo” de la unidad inferior y ‘’colaborador” dentro del grupo de la unidad superior. Esto es, cada persona asume el papel de líder de un grupo y es colaborador en otro. Esto nos lleva a conceptualizar a la organización mediante relaciones de grupo a grupos. Así, al analizar nuestro organigrama debemos pensar de manera práctica lo que sucede en teoría, es decir, que cada instancia o dependencia  forma parte de un sistema de grupos, en donde cada directivo es el enlace del grupo a otros grupos y quien tiene la responsabilidad de retomar la práctica administrativa de liderazgo democrático en su actuar. 

La administración participativa por grupos promueve la sensibilización de los órganos directivos, de decisión y coordinación de la institución sobre la vital importancia  de alcanzar a la par de la misión institucional, la satisfacción plena de las necesidades y aspiraciones de cada persona del grupo.

Es claro que con esta práctica administrativa se busca minimizar la divergencia entre los intereses personales y de grupo con los de la institución.

Vale la pena resaltar finalmente que esta práctica administrativa permite, además de contribuir a elevar los indicadores de eficiencia y eficacia del quehacer organizacional, generar un ambiente laboral acorde con la necesidad natural para alcanzar una sociedad democrática. 

 

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Jorge Alberto Vale Sánchez

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