Recomendación literaria: PRÓLOGOS A LA MUERTE, de Modesto Peralta

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Prólogos a la muerte | ISC

Prólogos a la muerte

de Modesto Peralta Delgado

 

 

por: Ramón Cuéllar Márquez

 

Modesto Peralta Delgado es un escritor a secas, un buen escritor. Tiene la cualidad de hacernos ver que la muerte no es un pasaje al más allá, sino un proceso de vida que nos conecta con la existencia misma. Él afirma que el tono de sus escrituras tiende a ser existencialista, influido por Ernesto Sábato y Albert Camus, pero creo que más bien sus narraciones son tan desparpajadas y al mismo tiempo tan profunda: nos obliga a detenernos en la visión de la muerte cotidiana. Modesto es un escritor que sabe contar historias, que sabe cómo generar miedos en sus lectores y que maneja los resortes de la risa con bastante soltura. La existencia no tiene por qué ser un dilema esotérico, ni mucho menos espiritual: la vida es, así de simple y sencillo, un acontecimiento cotidiano que hay que vivirlo con todo lo que implica. Sus narraciones están libres del acoso dogmático de las tradiciones y del prejuicio cabalgante de nuestros días. La muerte es para él un hecho que se erige con una visión estética de personajes arrastrados por su destino.

Eso es su libro Prólogos a la muerte, su libro de cuentos, una antesala de los sucesos últimos que ponen fin a un organismo (cualquier vida), en especial lo humano. Ahora bien, ese instante en que todo deja de funcionar en el cuerpo, se presta para que el escritor nos transporte por los hilos de una narrativa construida con esmero, inteligencia, desprejuiciada y provista de dinamismo literario, donde incluso la poesía se hace presente en forma de voces múltiples en que el narrador nos involucra pero al mismo tiempo nos da su punto de vista, sin la atadura de la opinión, sino con el encanto de las frases que nos develan una realidad alterna con la muerte; donde el escritor usa sus recursos para hacernos partícipes de un momento que para muchos asusta y que aquí se ve como el desarrollo natural que debe ser.

La muerte de Peralta Delgado no es maniquea, ni religiosa, ni está llena de zozobras, de lamentos; es una muerte muy muerte. Las siete historias de este libro nos colocan en el último segundo de nuestras vidas. Nos cuentan con habilidad las implicaciones del Cristo Ojón en las relaciones de un pueblo y lo que pareciera algo homofóbico en realidad no lo es, porque descubrimos que más bien pone en su punto exacto lo que son las relaciones entre hombres, es decir, un mero acto de la vida diaria. También está un ladrón; una película que se cuenta de modo extraño; una patineta en movimiento; el corazón-trasplante que de todos fue y al mismo tiempo prodigó de muerte… Todo eso en estas historias que sorprenden, que nos vivencian algo de nosotros. La muerte es nuestro espejo porque eso es lo que somos al final. Nacimos muriendo. Modesto, es, sin lugar a dudas, uno de los mejores narradores sudcalifornianos que he leído en los últimos tiempos. Prólogos a la muerte es prueba de ello.

 

Los últimos pedazos del aliento

para Modesto Peralta Delgado

 

Y qué extraños recuerdos de la muerte

tienen todos los huesos demudados,

para que juntos aguardemos buenos

pedazos de su aliento; y la tumba

es una grande bóveda, te han dicho,

donde se meten solas las estrellas,

frágiles, obedientes de sus leyes.

Bien lo sabes, adentro no hay los muebles

ni tampoco los páramos de Rulfo,

ni grandes bibliotecas que conduzcan

a la certeza oscura de las luces.

¿Por qué?, se han preguntado tus amigos

y sólo han encontrado una respuesta:

la muerte coquetea con sus galas,

ese raro color de sus vestidos.

 

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Ramón Cuéllar Márquez

La Paz, B.C.S., 1966. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha escrito poesía, cuento, novela y ensayo en periódicos, suplementos culturales y revistas nacionales. Ha sido becario del inba para poesía de 1992 a 1993; de la UNAM en Lingüística aplicada de 1993 a 1995; y del Programa de Estímulos a la Creación y el Desarrollo Artístico para novela en 2012. Obtuvo el Premio de Cuento Estatal CREA en 1986, en B.C.S.; el Premio Mensual de Poesía Breve de la AEMAC, en 1998; el Premio Estatal de Poesía Néstor Agúndez Martínez, en 2005; el Premio Estatal de Novela Ciudad de La Paz, en 2007, el de Cuento en 2008 y el de Poesía en 2010; y los Juegos Florales del Carnaval La Paz 2010 “Alegría Bicentenaria”. Ha aparecido en nueve antologías de poesía: Lecturas de Baja California Sur (1990), Poetas de Tierra Adentro (1991), Baja California Sur, otro mar, otro desierto (1991), Poetas de Tierra Adentro III (1997), Creación Joven Poesía 1979-1999 (1999), Eco de voces; Generación poética de los sesentas (2004), Voz de la estirpe, Poemas y poetas sudcalifornianos del siglo XX (2007), Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México, Poetas nacidos en el periodo 1960-1989 (2008) y 19 poetas. Antología amorosa (2012). Tiene tres libros de poesía publicados: La prohibición del santo (1990), Los cadáveres siguen allí (1991 y 2006, en segunda edición,) y Observaciones y apuntes para desnudar la materia (2010); tres novelas: Volverá el silencio (2003), Los cuerpos (2007) e Indagación a los cocodrilos (2008); un libro de cuentos: Los círculos (2009); y uno de entrevistas en coautoría con Christopher Amador: Doce poéticas en Baja California Sur (2010). Fue vocal y miembro de la Asociación de Escritores de México, A.C. y Presidente de Escritores Sudcalifornianos por dos periodos.

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