Dragones celestiales

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dragon celestial

 

Dragones de luz cruzaban el cielo, talló una vez más sus ojos, no podría creer lo que estaba viendo ¿Es que acaso nadie podía ver esas míticas criaturas cruzar por el cielo? Miraba a su alrededor buscando la reacción de las personas que parecían ignorar lo que pasaba preocupadas por encontrar un refugio.  

La lluvia apenas era un murmuro en el pavimento, gotas que hacían ‘tic’ o ‘tic-tuc’ al chocar contra los objetos, armando una sinfonía que adormecía el oído y erizaba la piel con tacto frío.  

Ella buscó la mano protectora de su padre, sabía que él la protegería si los dragones quisieran comerla de un solo bocado, corrió para buscar el refugio bajo un pequeño tejado. Una luz invadió el lugar seguido de un estruendo tal que ella cerró los ojos y se tapó los oídos con miedo.   

Una risa apagada la hizo separar sus manos lentamente, era su padre quién reía mientras miraba llover ¿A caso papá no tiene miedo de los monstruos alados? Lo miró sorprendida mientras otra luz cruzó el cielo.

¿Qué ve mi papá con tanto esmero? Intentando seguir su mirada lo encontró, un enorme dragón de luz aterrizando en el techo,  ¡Vienen por mí! Pensó mientras se escondía a espaldas de su protector  ‘No hay que temer a lo que no puedes controlar, a veces es mejor enfrentar el miedo’ le dijo mientras acariciaba su cabello.  A tu lado no tendré miedo papá.

Un rayo le hizo cerrar los ojos, respiró muy profundo y abrió los ojos enfrentando al cielo. Esta vez no tendría miedo, vio el esplendor de un rayo que al terminar dejó un sonido entre nubes que le hizo vibrar. Sonrió, yo también te extraño

 

 

papá

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Amaya

Amaya es la voz que da libertad, una máscara que conserva la línea de mi cordura y me mantiene lejos de la realidad. Es el escritor de palabras que no puedo pronunciar y que quedan atoradas en mi cabeza, es la emoción y sentimiento que puedo vivir a través del silencio.

Para que el lector comprenda, Amaya puede ser hombre, mujer o quimera, según la ocasión lo amerite, es un narrador y poeta, actor y personaje; es la nostalgia durante la noche, el suspiro de día y la última estrella de cualquier amanecer.

Siempre en la eterna búsqueda de sutileza y expresión, amante del arte y de la condición humana.

Esto es Amaya. 

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