Ya no pasa en TV, pero sucede en la vida

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Ya tenía yo mucho rato aburrido. Horas. De hecho deprimido.

Dale y dale al control de los canales de la tele y nada que ver.

Afuera, en la costa, se aproximaba un chubasco.

De pronto me topé con una vieja película en blanco y negro de la Segunda Guerra Mundial: de noche un grupo de la resistencia francesa contra la ocupación nazi se esconde en un bosque.

En las sombras y con los rostros embetunados, los actores me resultaron desconocidos.

Tensos, los guerrilleros aguardan entrar en acción.

El hombre al mando se dirige, en voz muy baja, a uno de mayor edad, de rostro y cuerpo enjutos, que permanece de pie a su lado cargando un viejo rifle: “Ojalá esta guerra termine pronto; esta noche, mon  ami, usted debería estar en su granja, con sus nietos y al lado de la chimenea”.

El viejo le responde con pasión: “¡¡Pas de tout!! Amo la guerra. Bendita sea. Gracias a ella me puedo escapar por ratos de mi gruñona mujer. Durante años he recibido órdenes, regaños y desprecios. Soportar a mi esposa, ordeñar vacas y hacer quesos… ¡Qué gran cosa! Aquí en cambio soy libre, tengo amigos que me aprecian y hago cosas valerosas. Yo quiero que siga la guerra –su rostro luce iluminado por la emoción-. Por primera vez en mi vida soy feliz. Me siento vivo”.

Breve silencio.

Qué ironía –pensé- en dónde fue a encontrar la fel…

De pronto un disparo. Uno solo y el viejo, cae sin un gemido.

El jefe partisano se arrodilla junto a él y toca su aorta. “Il est mort…”- apenas susurra.

La escena me impactó y a la vez me animó: ¡¡Al fin encontré una buena pel…

De pronto un rayo. Uno solo y la energía eléctrica se fue durante toda la noche.

Lo anterior me sucedió hace ya muchos años. Ni supe el nombre de la película, ni nunca más la he vuelto a encontrar en la televisión.

Ces´t la vie.

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