
Las calles son mi almohada. La oscuridad mi hogar.
Crecí entre cien cadenas que un día pude tirar.
Soy un perro sin dueño y muerdo sin razón.
Mi cuerpo es una celda, me acosa la ansiedad.
Por eso salgo al viento: para dejarme hablar.
Y aquí no temo por mi vida, y ya no me importa fallar.
Creí ser invencible… Jugué ser inmortal…
Ya muy lejos de mi alma… fui mi enemigo final.
Por eso salto al viento… Ya no me importa fallar.
