Sin lugar a dudas, eso le hizo menos difícil la vida a Consuelo, no obstante, a sus treinta y cuatro años su carácter estaba forjado. Deduzco entonces, que su inteligencia y madurez fue de lo que Augusto se enamoró para siempre.
Los textos contenidos en el libro “El Boleo en los diarios de Consuelo Corona de Nopper”, que fueron transcritos por Gamaliel Valle Hamburgo de los cuadernos originales de Consuelo -su tía abuela-, nos abren la puerta a la vida cotidiana de Santa Rosalía, en especial a la etapa final a manos de los franceses. Permiten a la imaginación viajar en el tiempo y ubicarnos perfectamente en cada lugar que Consuelo describe de manera simple y sencilla. Esas páginas dejan ver también el amor que le tuvo a su pueblo y a su gente. Así, Consuelo a través de la lectura nos toma de la mano para que atravesemos con ella el umbral del misterio, como le llamó al poder cabalgar a caballo y conocer los distintos ranchos y serranías, a la par que se dejó alumbrar por los rayos del sol, sobre parajes espectaculares.
Consuelo Corona atestiguó cómo los barcos alemanes se anclaron frente al rompe olas después de descargar el material que traían, así, uno tras otro. “La Guerra Mundial estaba en marcha”, escribiría después en las hojas de sus memorias.
Cuenta de su experiencia al conocer al representante del emperador chino que vino a Santa Rosalía y lo que le impresionó su elegante túnica color azul, con un dragón bordado y un collar de piedras rojas.
Escribió del aire de fiesta que se vivía cada sábado de raya, cuando los trabajadores de las minas y sus familias freían chorizos, hacían tamales, menudo y tortillas de harina y por supuesto bebían mezcal.
De su experiencia en el desastre natural de mil novecientos treinta y nueve, cuando las lluvias causaron grandes daños y su impotencia por no poder ayudar más de lo que deseaba.
Cuestionó a los accionistas franceses por no venir; pensó que era el deber que tenían, estar aquí y ser testigos de la admirable obra que juntos, franceses y mexicanos realizaban en esta región tan lejana y hostil. Sin embargo, soy de la opinión que todas las personas que conocemos de la historia de El Boleo, somos conscientes de la desigualdad de condiciones que imperó entre éstos. Sobre todo entre los mineros mexicanos, chinos y yaquis. ¿Pero quién querría venir a éstas tierras? Se preguntó Consuelo. Fue para ellos más sencillo disfrutar a la distancia, entre el lujo y la opulencia, de las ganancias de tan duro trabajo, escribió en su diario.
Preocupada por el futuro de su querido pueblo una vez terminados los trabajo de El Boleo, pidió a uno de los funcionarios mexicanos que lo visitaron, hiciera todo lo necesario para que Santa Rosalía no terminara. Visionaria además, sabía que su pueblo guardaba un gran potencial y no dudaba en que podía llegar a convertirse en un centro turístico importante -visión que en la actualidad a muchas personas y gobiernos les ha faltado-.
Desafortunadamente las circunstancias la llevaron lejos de aquí, a mediados de mil novecientos cincuenta y cuatro, tenía 46 años, Consuelo se despidió no sin gran dolor, de su tierra.
Fue quizás uno de los momentos más tristes de su vida.
Este libro guarda las memorias de una mujer amante de la fotografía y los perros, fiel a su gente, la cual nunca dejó de añorar y preocuparse por ella.
Es sin duda una lectura que debemos darnos el tiempo de hacer. Conocer la historia escrita por una mujer que vivió intensamente y que murió lejos del lugar que la vio nacer sintiendo el mismo e intenso amor por él.
Lectura sugerida: “El Boleo en los diarios de Consuelo Corona de Nopper” (De: Gamaliel Valle Hamburgo y Catalina Balbuena Escobar, compiladores)
Fotografías cortesía de: Gamaliel Valle Hamburgo.
