Y seguimos pidiendo la palabra: LA ENTREGA

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Le entregó
dos rosas negras,
el mejor rocío
de las noches en sus labios
y se abrió
como yegua salvaje
ante el ímpetu 
triunfante del orgasmo.
                    Transgredió la carne.
La saciedad abordó
el tremor de los dedos
dibujando el contorno
de la madrugada
en ese reposo breve de mujer.

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