
Crisol Internacional:”De la queja…a la gratitud…!”
Frecuentemente y más en la actualidad escuchamos quejas y más quejas a nuestro alrededor, algunas con cierta justificación o razón de ser, pero la mayoría sin importancia, “sin ton, ni son” como dice la vox populi….y que definitivamente pueden afectar a nuestra salud tanto física como mental, y también la de los demás al infectar el ambiente cargándolo de pura energía negativa. El tema es complejo y bastante subjetivo como suele a suceder con las emociones y no sólo gira en torno a la palabra “NO”, sino al constante lamento, protesta, pena, pesadumbre, gruñido y tal vez lloriqueo que se desborda en una excesiva autocompasión.
A menudo oímos a nuestro alrededor expresiones como: “Ya no estoy para eso o aquello”, “Ay, NO…eso es demasiado difícil o complicado para mi…”, “Ya no puedo…”, “Ya no (lo) soporto…aguanto….resisto”, “Eso es imposible…”. Fíjate fulano/a hizo…tiene…o NO me quiere…no me habla…mira…o comprende…”, “Ay, ese Gobierno….aquel político…y ni el trámite sale…” En fin, la lista de quejas puede ser tan larga, o “choncha” como la vida misma…y definitivamente se mueve alrededor del mundo, ignorando visas y pasaportes y vence fronteras, siendo culturalmente variada en el sentido de que hay pueblos más reservados en relación a este tema o personas que han superado ese estado semipermanente quejumbroso, insatisfecho, gruñón y probablemente frustrado.
Científicamente está comprobado que:”Quejarse es malo para el cerebro, ya que revela descontento o resentimiento.” Algunas personas insisten en que “quejarse” es sinónimo de desahogo, pero la constante protesta tiene un impacto significativo en nuestro cerebro y por ende sobre nuestro bienestar tanto físico como emocional. Existen al respecto estudios que muestran que “Todos nos quejamos y que la persona promedio se queja entre 15 y 30 veces al día.” Y si fuéramos capaces de una cuidadosa introspección y un conteo sobre el tema nos sorprenderíamos, y hasta tal vez hasta nos asustaríamos, del resultado. Irónicamente la queja/desahogo resulta ser un alivio para algunos y para otros se vuelve una carga emocional.
Al respecto, neurocientíficos de la Universidad de Stanford en California hallaron que “Quejarse reduce el tamaño del hipocampo, responsable de la memoria y de la resolución de problemas.” Es más en ese mismo estudio se reveló para nuestra sorpresa que: “escuchar a alguien quejarse durante más de 30 minutos podría dañar físicamente el cerebro”; es decir entre más quejas se escuchaban, más pensamientos negativos se pueden detonar y afirmar la frase utilizada en las neurociencias ”las sinapsis se activan juntas y se conectan”, es decir nuestras neuronas se comunican entre sí o con las células que pueden ser musculares, glandulares u otras, construyendo “puentes” por las que viajan señales eléctricas que van motivando a los pensamientos. Durante ese proceso, y como en las buenas carreras, la distancia más corta se lleva el trofeo ganando la carrera y así se pueden formar circuitos positivos como negativos, por lo tanto resulta tan importante regular los pensamientos obscuros y tristes bajando a la negatividad.
También se ha comprobado gracias a las neurociencia que es importante revisar con quién nos rodeamos. Eso no quiere decir que no desarrollemos y sintamos la empatía, compasión y solidaridad hacia las personas que necesiten de nuestro apoyo y ayuda, sino que tomemos consciencia de las situaciones con ánimo y energía positiva.
Definitivamente hay que recordar que al quejarnos en exceso nuestro cuerpo libera cortisol, una hormona responsable de activar nuestros mecanismo de defensa, lucha, huída o incluso bloqueos, dando literalmente comandos a nuestro cerebro para desviar la sangre, el oxigeno y la energía hacia sistemas no esenciales, desencadenando un riesgo de enfermedades cardíacas, colesterol alto, diabetes, obesidad e incidentes cerebro vasculares. Sin embargo, y como muchas veces ya se ha recordado que hay mecanismos tanto físicos como mentales que pueden revertir o aminorar ciertos problemas de salud: y tratar de vivir más saludable con una hidratación y alimentación equilibrada, ejercicio diario, cada uno a su ritmo y condición, descanso y sueño suficiente, así como también un cambio en la actitud para recuperar el optimismo, una buena postura ante las adversidades y especialmente tratar de vivir en GRATITUD…
En este mismo contexto un estudio reciente publicado en Archives of General Psychiatry reveló que: “en promedio, las personas optimistas tienden a vivir más que los pesimistas, y también se descubrió que los optimistas tenían un 55 % menos de riesgo de muerte por todas las causas y un 23 %menos de probabilidades de morir de una enfermedad cardíaca…..” Así, ante la queja por más dura o complicada que esta sea la situación puede existir la elección de querer aprender, crecer y el deseo de mejorar, y bien se ha afirmado que la “gratitud es la mejor vacuna contra el pesimismo”, ya que las personas agradecidas se centran en lo bueno que tienen y NO en lo que les hace falta. Bien y sabiamente decía el profeta chino Lao Tse: “La gratitud es la memoria del corazón...”y es nuestra, sólo nuestra la elección “De…transformar la queja en gratitud…”
P.S.: https://neuroscenter.com/blog/la-sinapsis/,
https://m1psychology.com/complaining-is-bad-for-your-brain/,
https://www.iepp.es/poder-gratitud/