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Crisol Internacional: “¿El Santo Grial de los valores: la ecuanimidad...?”

Escrito por Andrea König Fleischer en Viernes, 16 Octubre 2026. Publicado en Andrea König Fleischer, Conoces a Nuestros Colaboradores, Crisol Internacional


La vida cotidiana nos ofrece muchos momentos para cuestionar no solamente ciertas situaciones, circunstancias y conductas, sino también principios, valores y preceptos. Cuando se trata de valores, bien sabemos y reconocemos que con el paso del tiempo van transmutando, y cada generación refrenda, modifica y adopta nuevos significados y aplicaciones para ellos. Por esa misma razón, también se han diferenciado histórica y sociológicamente cuatro virtudes cardinales, provenientes de las grandes obras clásicas de Platón y Aristóteles: la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Posteriormente, se fueron reconociendo valores comunitarios como la referencia y el respeto a la autoridad, las jerarquías sociales y familiares, el honor, la lealtad, así como el cumplimiento del deber; de igual forma, destacan la sobriedad, el esfuerzo orientado hacia el largo plazo y el arraigo en las tradiciones locales y religiosas.
Según investigaciones recientes y actualizadas, hoy los valores giran alrededor de los derechos individuales y el pluralismo. Hay una marcada tendencia hacia la inclusión social y el respeto a la diversidad, así como a la libertad de expresión. De igual forma, ha surgido una mayor conciencia global y una creciente preocupación por el medio ambiente y la sostenibilidad. Temas como la salud mental y el autocuidado, incluyendo la gestión y el manejo del estrés, se han vuelto relevantes. En relación con los temas globales, la transparencia y el llamado civismo digital van asumiendo un rol cada vez más importante, ya que la exigencia de rendición de cuentas, la comunicación abierta y la participación en entornos conectados forman parte de una nueva realidad donde resulta imperativo fomentar la resiliencia, la capacidad de adaptarse rápidamente al cambio y la incertidumbre, así como el acceso a las tecnologías.
En medio de este laberinto, entre moralista, confuso y por momentos muy ambiguo, surgen interrogantes sobre temas como la ecuanimidad: ¿de qué se trata?, ¿cómo se presenta?, ¿es realmente adecuada o acorde a los tiempos actuales?, ¿vale la pena cultivarla? Consultando con la Real Academia Española acerca del significado del término, hallamos que se refiere a la "igualdad y constancia de ánimo; también a la imparcialidad de juicio", y los sinónimos que la pueden reemplazar son el equilibrio, la objetividad y la mesura.
Si interpretamos la ecuanimidad como un estado mental que se relaciona directamente con las experiencias que vivimos tanto en nuestro entorno como en nuestro propio ser, la mayoría buscamos mantener la calma y el equilibrio ante la adversidad. Sin embargo, hay situaciones que nos pueden rebasar física y emocionalmente, y es cuando el equilibrio se pierde. Regresar a un estado de tranquilidad y serenidad siempre ha sido una salida de la tempestad. Ahora bien, científicamente ha sido comprobado que retornar a la calma —o más bien dicho, a la ecuanimidad— trae múltiples beneficios para nuestro cuerpo y nuestra mente, como la disminución de la tensión (incluyendo la reducción de la contracción muscular) y una mejor calidad del sueño, creando una relativa sensación de ligereza y atenuando los dolores. De igual forma, nos puede brindar una mejora en nuestra concentración y gestión emocional, así como una creciente disposición para aprender.
Los ejercicios clave para alcanzar y mantener este estado de equilibrio son, definitivamente, la RESPIRACIÓN y RELAJACIÓN adecuada en sus distintos niveles y, así, lograr un buen control de la presión arterial, la reducción de riesgos cardiovasculares y la mejor oxigenación de los tejidos y del cerebro, fortaleciendo de esta manera también nuestro sistema inmunológico. Bien afirman los investigadores que "la relajación, pese a parecer sencilla, nos permite no solo reducir el estrés sino también potenciar las capacidades de nuestro cerebro, y esto repercute en todo nuestro organismo". No obstante, para que estos beneficios se manifiesten adecuadamente, la psicología moderna afirma que "es esencial llevar a cabo una relajación integral, atendiendo tanto la mente como el cuerpo, y de manera consistente, durante aproximadamente de 10 a 15 minutos, al menos tres veces al día". Lo que hoy día se ha popularizado como mindfulness se basa en técnicas ancestrales tanto de respiración como de relajación y meditación, es decir, estar consciente del aquí y ahora, buscando la belleza en momentos difíciles o feos para redescubrir, en un estado ecuánime, nuevos propósitos de vida.
Bien escribía el premio Nobel de Literatura Camilo José Cela en su obra Pabellón en reposo acerca de la ecuanimidad: "Porque ocurre que cuando se tienen los nervios templados, todo lo que se haga o todo lo que se diga adquiere como un aire de sensatez, de ecuanimidad; mientras que en los estados de ánimo algo precipitados, algo reconcentrados o pensativos, las cosas que hacemos parecen como locuras, como hazañas de anormales, de lunáticos, de desequilibrados. Uno se muere lenta, pero inexorablemente, como la humanidad entera. No hace falta estar enfermo; basta con haber nacido". Indudablemente, es un fragmento que nos permite la introspección sobre este extraordinario valor, casi como el "Santo Grial de los valores " para romper los ciclos de sufrimiento, mejorar nuestra toma de decisiones con mayor serenidad y calma y, a la vez, reducir el al parecer omnipresente estrés, la ansiedad y el nerviosismo, mejorando nuestra relación con nosotros mismos y con los demás…


P.S. www.miteco.gob.es
https://pmc-ncbi-nlm-nih-gov.
https://unamglobal.unam.mx/global_revista/cuales-son-los-beneficios-de-relajarnos/

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