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Crisol Internacional: “Estandartes de resiliencia: mujeres rurales en la zona del Sahel”

en Viernes, 23 Octubre 2026. Publicado en Andrea König Fleischer, Conoces a Nuestros Colaboradores, Crisol Internacional


Ser mujer tiene tantas virtudes, atributos y rostros como paisajes sobre la faz de la Tierra e, indudablemente, nuestros roles se han venido transformando a través del tiempo. Las reformas, revueltas y revoluciones históricas han jugado un papel crucial para establecer y consolidar los derechos y el empoderamiento de la mujer a nivel global. No obstante, seguimos viviendo una brecha de desigualdad, menos o más pronunciada en las diversas regiones y, especialmente, en aquellas menos favorecidas en el corazón de África.
Recordando que justo la semana pasada se conmemoró el "Día Mundial de la Mujer Rural" el 15 de octubre bajo el lema "El ascenso de la mujer rural: construir futuros resilientes con Beijing + 30", con el motivo de conseguir la igualdad y empoderar a las mujeres rurales, que constituyen la cuarta parte de la población mundial y aseguran la mitad del sustento alimenticio global, custodiando además el medio ambiente y la biodiversidad.
Lamentablemente, son ellas quienes aún sufren de las múltiples caras de la pobreza y, según los organismos especializados de la ONU y del Banco Mundial, "no disponen del mismo acceso a la tierra, los créditos, los insumos para la producción y los mercados y cadenas comerciales". Tampoco disfrutan de un acceso equitativo a los servicios públicos como la educación, la asistencia médica y sanitaria, careciendo en muchos casos de la infraestructura básica como el agua y el saneamiento.
Es más, las estadísticas actuales revelan que, "en promedio, las mujeres representan más del 40% de la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo, teniendo menos acceso a los recursos y la validación de sus derechos fundamentales, incluyendo la educación y el acceso a las tecnologías". Expresado de otra manera: "a pesar de que, a nivel mundial, casi cuatro de cada diez personas que trabajan en la agricultura son mujeres, ellas solo poseen el 15% de las tierras..."
Ante este evidente desequilibrio, es necesaria la reflexión sobre algunos casos muy concretos como lo es la zona del Sahel, que atraviesa el continente africano de oeste a este, desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, a lo largo de unos 5,000 a 6,000 kilómetros. Esta franja integra a Senegal, Gambia, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Camerún, Chad, Sudán, Sudán del Sur, Eritrea y Etiopía.
En esta vasta región, caracterizada por prolongadas sequías, ser mujer rural tiene un significado muy profundo, ya que generalmente forma la columna vertebral de la familia, procurando la supervivencia de la misma y apoyando a la comunidad. La mujer es el eje central en la transmisión de conocimientos tradicionales, muchas veces ancestrales; sin embargo, frecuentemente no se le permite participar en la toma de decisiones. Imaginémonos escenarios de calor extremo, especialmente sequías prolongadas, trabajando de sol a sol, cuidando el ganado y los cultivos, sin olvidarse de los hijos y de la casa, y quizás participando en una actividad comercial; condiciones que motivan una revaloración de género y de su aportación fundamental tanto a la economía como a la sociedad.
Ahora bien, también hay que resaltar que, en la mayoría de los casos, estas mujeres rurales no tuvieron la oportunidad de cursar la escuela y su educación se basa en las enseñanzas de la vida misma y los valores que han recibido de sus antepasados. Estas realidades la hacen vulnerable a sufrir violencia, desigualdad de oportunidades, así como riesgos para su salud y limitaciones sociales que pueden tener un impacto directo sobre su vida, seguridad y bienestar, tanto físico como mental.
Afortunadamente, hay organizaciones que apoyan y procuran el empoderamiento de las mujeres rurales vulnerables, afectadas también por conflictos políticos y en ocasiones forzadas a desplazarse, mostrando su fuerza y resiliencia ante las crisis para promover su autonomía económica y social. Las situaciones más críticas que han vivido estas mujeres son los conflictos armados por los grupos rebeldes en las zonas fronterizas de Malí, Burkina Faso y Nigeria, provocando desplazamientos masivos. Ante la carencia de refugios seguros y de protección en los campamentos, su vulnerabilidad se agrava. Muchas de ellas tienen que asumir la carga familiar ante la ausencia de los hombres, quienes migran a otras regiones o incluso se involucran en los actos rebeldes. Tristemente, este espiral de pobreza y violencia gira sobre un solo eje y resulta muy complicado desarmarlo porque la presión psicológica y social crece, y los recursos disponibles para mitigar sus efectos escasean.
Iniciativas como "Ayuda en Acción" buscan proteger y empoderar a las mujeres desplazadas, valorando su trabajo y esfuerzo para que tengan una mayor independencia económica y, especialmente, acceso a los recursos y un empleo digno. La escasa educación de la mayoría de estas mujeres puede ser una limitante; sin embargo, sus conocimientos prácticos son superiores a la teoría. Casos como la elaboración de las harinas fortificadas bajo la marca Misola y la transformación del karité se han convertido en historias de éxito para ellas, garantizándoles la supervivencia y brindándoles la oportunidad de la independencia económica.
Ser "Mujer rural en la zona del Sahel" se traduce en símbolo de carácter, fortaleza y, sobre todo, mucha resiliencia para enfrentar las adversidades de la vida misma. O, como bien lo expresa la actriz canadiense Tamara Brown: "Sé que puede parecer que levantarse, respirar e incluso moverse es una lucha. Pero por favor hazlo, muchas puertas están esperando abiertas para ti..."

P.S.: https://www.un.org/es/observances/rural-women-day
https://ayudaenaccion.org/proyectos/articulos/mujer-rural-sahel/

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