
Crisol Internacional: "Un día de clases en Malawi..."
Mientras que en unas partes del mundo los niños ya se cansaron de la escuela, de los maestros y las asignaturas, en otras anhelan tener un salón de clases, acceso al conocimiento y un profesor a quien seguir y de quien aprender. Así, el mundo actual que nos tocó vivir está lleno de contrastes, contradicciones y adversidades, arrojando muchos planteamientos sobre el rumbo de la educación.
Si hace ya bastantes años Nelson Mandela afirmaba que "La Educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo", vale la pena volver a esta cita para reflexionar un poco más sobre ella. Desde tiempos de la pandemia del Covid-19, la brecha educativa entre los países avanzados y los menos favorecidos ha crecido sustancialmente, a tal grado que "alrededor de 7 de cada 10 niños en los países de bajo y mediano ingreso no logran leer o comprender una historia simple". Es más, se menciona que hay un rezago educativo que podría tomar más de 100 años para que los países en desarrollo alcancen los niveles de alfabetización y escolaridad que hoy tienen los países industrializados.
Asimismo, si nos preguntáramos sobre los principales indicadores de esta crisis, encontramos la falta de acceso basada en una deficiente infraestructura y conectividad, la calidad educativa (pruebas PISA), la desigualdad de género y la situación económica global que conlleva una carencia de inversión que desalienta el crecimiento.
Recordemos que la escuela, desde un inicio, se creó como un espacio para el aprendizaje, que debe brindar seguridad y apoyo para motivar el acceso a nuevos conocimientos y habilidades. Sin embargo, con todo y los exámenes y pruebas, resulta compleja la evaluación del aprendizaje en cualquier parte del mundo.
La educación en África presenta un rezago histórico aún no superado, y las estadísticas recientemente elaboradas por la UNESCO revelan avances limitados, ya que hoy en día, "...aunque hay 75 millones más de niños africanos escolarizados en comparación con 2015, el número de niños sin escolarizar ha aumentado en 13,2 millones, superando los 100 millones durante el mismo periodo." Lo que preocupa aún más es "...la falta de mejora de la calidad de la educación, ya sea medida en términos de infraestructuras básicas o de resultados de aprendizaje."
Ahora bien, Malawi, ubicada al sureste de África, es uno de los países más afectados por el cambio climático, debido a las prolongadas sequías en contraste con las lluvias torrenciales. El desarrollo económico del país presenta muchos desafíos y, por lo tanto, la educación puede convertirse en la clave para seguir avanzando en el desarrollo socioeconómico.
Al revisar su sistema educativo y los espacios designados como escuelas, surgen preguntas centrales acerca del aprendizaje dado el entorno dificultoso. Es común que un aula pueda albergar a casi 200 estudiantes, y en muchas ocasiones de diferentes grados, frente a un solo profesor. También es frecuente hallar muchos anuncios políticos y procedimientos escolares, incluyendo el tema de la inclusión en las escuelas, y cada una de ellas lleva registros administrativos sobre los ingresos, avances y evaluaciones de sus estudiantes.
Probablemente para sorpresa de muchos, en la gran mayoría de estos salones sobrepoblados no hay ni mesas ni sillas; los alumnos están sentados en el piso. Y aun así, con sus libros y cuadernos compartidos entre 4 o 5 compañeros, los tienen abiertos, prestando atención y respetando a su profesor y, en el mejor de los casos, también a un asistente, quienes hacen todo lo posible para brindar una instrucción significativa. Cabe mencionar que en la mayoría de las escuelas, especialmente en las del medio rural, apenas existe una pared pintada de negro que sirve de pizarrón para la instrucción.
Resulta más que obvio que son muchos niños y jóvenes que atender, ya que asistir a la escuela es obligatorio desde la Primaria hasta la Secundaria. Muchas escuelas primarias atienden en cada turno a más de cinco mil niños, lo que significa un esfuerzo extenuante para todos: autoridades escolares, profesores y alumnos, quienes en muchos casos caminan más de 5 kilómetros desde la madrugada para llegar a su destino, LA ESCUELA, y de vuelta otros 5 kilómetros o más para seguir con las tareas y obligaciones domésticas.
Bien se ha dicho que las comparaciones pueden ayudar a cambiar de perspectiva e, indudablemente, como decía Jean-Paul Sartre, "La comparación permite la reflexión". En este caso preciso, permite revalorar el acceso a la escuela y la enseñanza de los maestros, ayer, hoy y siempre, para encontrar el rumbo de la educación en cualquier parte del mundo.
En Malawi, las autoridades han mostrado buena disposición para mejorar las condiciones de sus escuelas, profesores y alumnos, solicitando el apoyo de organismos internacionales y organizaciones civiles dedicadas a la educación, implementando, por ejemplo, los talleres MICS-EAGLE para hacer un mejor uso de los datos educativos, la planeación, integración, evaluación y seguimiento de los estudios y sus alcances. Lo nuevo en estos programas que podría ayudar en un futuro cercano a la calidad educativa y al cambio social es el aprendizaje temprano, la inclusión efectiva en todos los niveles, la protección infantil y también la enseñanza a distancia para prepararse mejor para el mañana... o como bien lo expresa una cita anónima: "El aprendizaje es un tesoro que sigue a su propietario durante toda la vida..."
P.S.: https://www.children.org/es/pobreza-global/datos-sobre-la-pobreza/datos-sobre-la-pobreza-mundial-y-educacion
https://www.gpekix.org/es/blog/notas-de-una-visita-de-campo-malawi








