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Crónicas sudcalifornias: ESCOLARIDAD DEL CONGRESO SUDCALIFORNIANO

Escrito por Eligio Moisés Coronado en Martes, 10 Noviembre 2015. Publicado en Crónicas Sudcalifornias, Cultura, Historia, Noticias

Es evidente la serie de inconsecuencias que la sociedad sudcaliforniana ha advertido y tenido que sobrellevar de las legislaturas del estado durante los últimos años. Que los habitantes de esta entidad estamos sumamente inconformes con el desempeño de nuestros representantes distritales es certeza que a ellos debió en su momento, y debe ahora quedarles muy diáfana.
 
Recientemente, dos medios locales de información hicieron saber que “el 33% de los diputados que integran la XIV Legislatura de Baja California Sur, carece de estudios profesionales o dejó la carrera a la mitad, el 67% tiene carta de pasante o título profesional, y [de éste] sólo el 19% cuenta con maestría o posgrado […], y añade que “aunque el 100% cuenta con una amplia experiencia en actividades de su currículum, también se destaca que el 70% de los diputados son novatos, siendo ésta la primera vez que participan en actividades legislativas.”
 
Se supone, sin conceder, que dichos profesionales están en condiciones de atender con efectividad sus delicadas tareas. Carecemos de asideros para aseverarlo, pero, en fin, poseen por lo menos los años mínimos de asistencia a la escuela para haber adquirido algunos conocimientos indispensables, tanto como disciplina, metodología y rigor académicos que les pudieren permitir un desempeño decoroso de sus funciones.
 
Pero es notable que la tercera parte carece de profesión alguna, y así resulta que ese segmento del cuerpo colegiado que dicta los acuerdos, leyes y normas de nuestra convivencia, tiene una escolaridad que deja mucho que desear en materias fundamentales de conocimiento, lo cual consecuentemente le impide participar con eficacia en las tareas legislativas, independientemente de la buena o mala asesoría que reciba en este sentido.
 
Luego entonces, tales tareas resultan cuestionables en tan precarias condiciones.
Es claro que eso poco o nada tiene qué ver con la eficiencia que pudiesen poseer en lo que toca a actividades aledañas a las funciones congresales, como las de gestoría y procuración del bienestar de sus electores. Lateralmente tienen que proveer de dádivas, durante los días de sesión, a una vasta clientela que los asalta al llegar al teatro de sus actividades. 
 
Lo grave realmente es que una porción no profesional (independientemente de la alineación, coordinación o subordinación política a que corresponda cada uno), con visión necesariamente limitada de la historia, las leyes, la cultura, la ética y todo lo demás de este país y del estado, propone, dictamina, debate y decide en los componentes esenciales de la estructura comunitaria, lo que repercute finalmente en la existencia de todos nosotros.
 
Cabría preguntarse quién tiene responsabilidad en estos resultados, si los partidos, sus conciudadanos, los propios individuos que quizá con la mejor intención, pero sin la certeza de un ejercicio conveniente al interés colectivo, se dejan candidatear y eventualmente obtienen el triunfo electoral, sin mayores merecimientos que una popularidad más derivada de la simpatía personal que de la previa convicción de un conveniente cometido.
 
Pudiera alegarse en favor de tal indigencia de preparación (imprescindible para una modesta, no digamos brillante o medianamente sobresaliente actuación legislativa),  la significación que tuvo el pueblo llano (la plebe, pues) en los primeros tiempos de la Revolución Francesa, pero tiene que admitirse que los nuestros son un tiempo y un espacio diferentes: Baja California Sur, donde se han acrecentado las oportunidades de estudio  -no gracias al gobierno sino al propio impulso social (aunque los informes oficiales se atribuyan esos logros)-,  continúa en busca de su desarrollo ahora con el lastre de gente en los poderes estatales incapaz de entender su momento histórico, en una etapa que requiere gran visión y consecuente desempeño.
 
Y lo caro que nos salen...
 
Cabe preguntarse si, luego de tantas luchas, denuedos y sacrificios de personas verdaderamente valiosas, durante siglos, el pueblo sudcaliforniano merece tener frutos tan magros en su presente.
 
Y sería más lamentable aún que permitiéramos la continuidad y la consolidación de esos errores en detrimento del futuro deseable para nuestra entidad.

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