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Cultura empresarial: LA VIDA COMO TÓMBOLA

Escrito por Jorge Alberto Vale Sánchez en Sábado, 27 Abril 2019. Publicado en Columnistas BCS , Cultura Empresarial, Cultura Empresarial, Desarrollo organizacional, Jorge Alberto Vale Sanchez, Jorge Alberto Vale Sanchez

El azar juega un papel importante en nuestras vidas, al grado que muchas veces concebimos a la existencia como una forma de juego. Una canción popular de antaño hace notar que “la vida es una tómbola”, dejando ver la presencia de lo imprevisto en las acciones que realizamos o en los eventos que nos ocurren. Diariamente tomamos decisiones, ya sean de carácter personal o colectivo. En el ultimo caso, el proceso por el cual llegamos a establecer una decision involucra también actitudes y conductas similares a las características de un juego.

Este punto de vista, que relaciona los procesos de la vida cotidiana con el juego, puede ser llevado a la forma en que se toman las decisiones al interior de nuestras organizaciones. En el ámbito organizacional y sobre todo en los órganos de decisión pluripersonales es importante reconocer las actitudes y conductas que juegan los participantes para el establecimiento de un acuerdo o la toma de una decisión. En este sentido, conviene resaltar tres modelos mentales que frecuentemente aparecen en las discusiones organizacionales: el destructivo, el competitivo y el constructivo.

El modelo destructivo es aquel donde cada una de las partes ataca o trata de vencer a las otras, sin importar el propio éxito y por tanto mucho menos el de la organización. En este caso se privilegian los resultados legalistas y de corto plazo, así como posturas de personas o grupos que regularmente obedecen más a intereses políticos o del propio grupo, los cuales se enfocan a incrementar el descrédito, aumentar la pérdida de confianza, disminuir la eficiencia, la eficacia y promover una anarquía  organizacional. Los grupos participantes en un juego perdedor-perdedor de este tipo adoptan el papel de víctimas, considerándose ajenos a la generación de los problemas pero receptores de sus implicaciones negativas, y es esta actitud las que les lleva a esperar soluciones externas a la organización, apelando a la intervención gubernamental, del congreso, la sociedad, etc. Con este fin, los medios de comunicación comúnmente son utilizados para simular el estado crítico de la organización que se desea aparentar. Poco a poco este modelo promueve la inestabilidad organizacional.

El modelo competitivo corresponde a aquel en el cual las partes juegan sus posiciones fundamentando su éxito en la derrota del contrario. En este modelo se considera que para tener éxito en la posición deseada necesariamente se tiene que vencer la propuesta del contrario. Esta actitud y conducta de los participantes en el juego obedece sobre todo a la búsqueda del poder en la organización, considerando un equilibrio entre los éxitos y las pérdidas de tal manera que siempre pueda quedar identificado el que gana sobre el que pierde. La presencia  de este modelo mental hace ver una fuerte competencia entre los participantes que toman decisiones dentro de la organización. Las relaciones entre los participantes se definen dentro de un modelo ganador-perdedor. El efecto de un modelo como el antes señalado se traduce en una disminución paulatina de la productividad entre más avanza la competencia. Una organización que fundamenta sus decisiones en un modelo ganador-perdedor logra una aparente estabilidad que ante la falta de productividad debe de identificarse como estancamiento. El principal recurso en la toma de decisiones en un modelo ganador- perdedor es el de las votaciones, que deja ver con claridad quien tiene, de acuerdo con la mayoría, el éxito deseado en sus propósitos.

El modelo constructivo es tal que cada una de las partes considera que todos pueden ganar y que las diferencias de opinión frente a una toma de decisiones permiten enriquecer tanto el proceso como la decisión. Las relaciones entre los participantes se caracterizan por un modelo ganador-ganador, donde el éxito de una parte sólo se alcanza si las otras partes también ganan. Una organización que adopta el modelo ganador-ganador fomenta una cultura con mentalidad de abundancia y proactividad. En este modelo no resulta importante acabar con el adversario, sino alcanzar la misión institucional y con ello los éxitos particulares. Dentro de este modelo la toma de decisiones se construye a partir del consenso, es decir tomando en cuenta las participaciones individuales de grupos minoritarios o mayoritarios, dándoles a todas el mismo peso. 

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Jorge Alberto Vale Sánchez

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