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El perro de Alejandro Magno

Escrito por Ramón Ojeda Mestre en Miércoles, 16 Julio 2014. Publicado en Economí­a, Educación, Historia

Hay grandes satisfacciones en la vida, aunque se halle llena de dificultades. Una de esas gratificaciones es la de platicar con personas cultas y amenas y en ese sentido, nuestra vida académica es muy propensa a proporcionarnos aprendizajes que nos animan. Eso me asaltó el otro día en que tuve el honor de ser invitado a una conferencia masiva y magistral que pronunció Abel Pérez Zamorano en La Paz, BCS y que fue convocada por el dirigente social Júpiter Tapia con motivo del 40 aniversario de Antorcha Campesina ante unas tres mil o cinco mil personas.


Abel Pérez Zamorano es Doctor en Desarrollo Económico por la London School of Economics, Maestro en Ciencias en Políticas del Desarrollo por la misma LSE. Maestro en Ciencias en Economía de Negocios por el Tec de Monterrey, Profesor de la Universidad Autónoma Chapingo e integrante del Sistema Nacional de Investigadores, ¿cómo le quedó el ojo? Y ya no le digo todo lo que ha publicado este catedrático, pecoso y picoso, porque me genera una envidia académica que me corroe como si fuera ácido muriático del que usábamos en el internado federal para hijos de trabajadores, donde cursé la secundaria en Orizaba.

No cabe duda que la preparación es una herramienta y nutrimento incomparable, sea este pertrechamiento cultural o intelectual, por la vía es claro, por la Universidad de la vida que generosamente entrega doctorados honoris causa a muchos campesinos, madres de familia, obreros o pequeños comerciantes. No es indispensable pasar años en las aulas o quemarse las pestañas para ser sabio, es verdad. Ya lo dijo el santo Papa y lo dijo a voz en cuello: Quod natura non datsalamantica non praestat. Ya sabemos que no lo dijo pero es una pieza inmortal de la paremiología que siempre ha circulado en latín.

El increíble discurso conferencia del Doctor Pérez Zamorano me hizo recordar que Aristóteles fue contratado por Filipo para ser maestro, tutor e instructor de su hijo Alejandro quien llegaría a ser llamado Alejandro Magno y sería el Ingeniero Telésforo García Carreón, actual Alcalde de Chimalhuacán quien me enseñaría que ese estratega griego tenía un amor especial por los animales y en especial por su perro, un bello mastín llamado Péritas.

Lo que no me dijo Telésforo, fue el significado de ese nombre canino que Alejandro, puso a su fiel perrazo y que en varias ocasiones le salvara la vida. Tuve la suerte de recorrer con el famoso y culto hotelero Aris Mbekas de Epidauros, los sitios en donde Aristóteles enseñara la verdadera ecología al inmortal Alejandro Magno, pero fue hasta aquí donde me enteré que Péritas significa Enero en idioma macedonio. Cuando anduvo por Egipto supo que el pueblo egipcio respetaba y amaba a los perros y protegía sus vidas con leyes rigurosísimas. El responsable de la muerte de un perro era condenado a la pena capital.

En fin, Pérez Zamorano dijo: "Una doble tendencia se impone en el mundo, con carácter de ley: por una parte, el desempleo creciente o el subempleo de los trabajadores, y por otra, que quienes están empleados son sometidos cada día más al poder empresarial, como propiedad suya. En su contradictoria relación con el capital, el trabajador se ha ido volviendo "sobrante". En México, más de un tercio de la PEA está desperdiciada en el sector informal, subempleada, o condenada a la delincuencia; doce millones de mexicanos han emigrado al no encontrar lugar en la economía nacional. Millones de trabajadores sobran pues el capital en su dinámica así lo dicta. ¿Pero entonces, qué será de todos esos pobres? Eso no parece importar. Explica Pérez Zamorano. El desarrollo tecnológico no ha aligerado el peso de la carga; más bien la ha hecho más pesada, pues expulsa a muchos para abaratar costos, y sujeta a los restantes a las máquinas, Prepárese.


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Acerca del Autor

Ramón Ojeda Mestre

Comentarios (1)

  • reynaldo rochin nuñez

    reynaldo rochin nuñez

    01 Enero 2015 a las 07:03 |
    Acertados, todos y cada uno de sus comentarios, maestro Ojeda M.,
    espero le guste mi tierra tanto como a mí. Como siempre, las cosas no dejan de pasar, aunque, si rememoramos a Don Roberto Blanco Moheno, recordaremos que "...en este pueblo nunca pasa nada." Ja.

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