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AGUA, ETERNO TEMA PARA LA DEMAGOGIA

Escrito por Alejandro Daniel Álvarez Arellano en Miércoles, 07 Octubre 2015.

La lluvia del pasado sábado tres de octubre fue pretexto perfecto para sacar del cuarto de los tiliches los problemas no resueltos relacionados con el agua y el desastre que se produce, en el funcionamiento de la ciudad, cuando cae del cielo en cantidades respetables. Esa es la tónica cuando hay exceso del elemental líquido. En el próximo estiaje los lamentos serán por la escasez. ¿Tienen los gobiernos municipal y estatal una estrategia específica al respecto? Hasta el momento no se asoma nada y, al menos que nos tengan reservada una sorpresota, navegarán por los lugares comunes durante todo su periodo de gobierno. Ya no digamos las organizaciones ambientales de la “sociedad civil” preocupadísimas por lo que pueda suceder dentro de cincuenta años aunque en sus narices estallen hoy los problemas de urgente resolución o al menos de aportes inteligentes (bueno, es un decir) para entenderlos.

Hasta el momento lo más notable realizado sobre el tema han sido políticas federales diseñadas desde el centro del país. Sobresale el plan hidráulico realizado durante la gestión del entonces gobernador Alberto Alvarado Arámburo. Las principales presas, acueductos y bordos de contención de arroyos se construyeron en ese sexenio hace treinta años. Además de lo anterior están las resoluciones sobre uso, monitoreo  y administración de los acuíferos realizado por la Comisión Nacional del Agua desde su creación.

Los sistemas operadores de agua a nivel municipal han servido destacadamente para ser la caja chica de los ediles. Pero más allá de eso no tienen capacidad ni recursos siquiera para tener medidores de consumo en todo aquel domicilio o negocio que hace uso de agua en su demarcación. Como tampoco tienen capacidad para impedir el desperdicio de agua a través de fugas de la red o del mal uso por parte de los usuarios. De los problemas derivados de una red de drenaje insuficiente es mejor ni hablar. Están a la vista y provocando enfermedades  (digestivas, dermatológicas y oftalmológicas) masivamente la existencia en la atmósfera de cargas impresionantes de bacterias ahora que se han secado esos derrames de aguas negras.

Un colegio de ingenieros civiles hace aproximadamente veinticinco años –quizás más- propuso la construcción de un drenaje pluvial en la ciudad de la Paz pero advirtió que era una necesidad también en las principales ciudades de la entidad. Para los que vivieron los embates de las lluvias en aquellas épocas recordarán la cantidad de arena acarreada hacia las partes bajas de la ciudad que la hacían prácticamente intransitable. Pero no son sólo los problemas de tránsito vehicular los derivados de las precipitaciones, son también los daños por erosión de la infraestructura urbana y en domicilios de particulares además de los ya señalados en la salud pública. En aquel viejo proyecto se establecía que otro de los beneficios del drenaje pluvial era conducir el agua de lluvia hacia los cauces de los arroyos para incrementar la infiltración y la recarga de los acuíferos. También se aliviaba la carga sobre la red de drenaje que produce fuentes brotantes de aguas negras durante las lluvias al ser incapaz de desfogar los volúmenes de agua que reciben durante las lluvias.

El gobierno estatal que concluyó cantó hasta cansarse su logro de pavimentar varias calles, qué bueno que tuvo esa capacidad de gestión de recursos federales, la pregunta es: ¿a nadie de su gobierno se le ocurrió que pudieron haber iniciado obras de drenaje pluvial al mismo tiempo?

Ojalá que a las autoridades de gobierno actuales, y que inician con gran brío, se les ocurra por lo menos un espacio en su plan de trabajo para ventilar la multitud de alternativas que se pueden analizar en materia de uso y administración del agua y no refritear los demagógicos lugares comunes que se vienen manoseando desde hace décadas.

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