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La resiliencia en mí

Escrito por Patricia Valenzuela Lugo en Martes, 20 Octubre 2020. Publicado en Columnistas, Columnistas BCS , Cultura, Literatura, Poesía, Sociedad

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Me dijeron que la resiliencia potencia la felicidad. Que he aprendido a ser resiliente. Quien lo dijo me conoce en el antes y el después -en el ahora- Le creí además, porque conozco muy bien a la mujer que me habitó años atrás y me vivo ahora, distinta.

En realidad si, me doy cuenta los cambios que la terapia psicológica ha hecho en mí. Años de constante trabajo, así como el ir aprendiéndole al feminismo. No concibo vivir sin la influencia y guía de esas dos vertientes.
 
Dentro de la oscuridad de la noche, su pesado silencio y arrolladora calma, se abren ante mí: pensamientos, sensaciones y emociones que poco había reflexionado con anterioridad.  Por que no quería o no podía. En ello va el entendimiento y la importancia de reconocer  la libertad en las relaciones afectivas. De cuán necesario es aceptar que la otra parte elija seguir un camino diferente. Que ya no se me quiera como antes. Del derecho que tiene el otro a buscar su felicidad. La profunda sensación de sanación que significa soltar a pesar de amar con tal intensidad. De no desgarrarse ni tratarse mal. Por lo contrario, recorrer el camino hacia la resiliencia de forma amorosa, honesta, aceptando los errores cometidos. Es abrazarse al dolor y tristeza, para dar paso a  la paz y tranquilidad. Son lágrimas de reconciliación con la mujer que se fue y se ha dejado atrás de manera definitiva. Es ofrecer al ser amado una prueba fehaciente e irrefutable de -mi- amor. Ofrenda final. La libertad sin condicionamientos ni golpes bajos.  
 
Al navegar sobre las crestas de gigantescas olas en un mar enturbiado por emociones que se contraponen, resalta la satisfacción de saberme completa a pesar de las fracturas. En paciente espera de que las aguas se calmen para empezar a resanar las grietas.
Reconozco cómo el interés por aprender a conocer mis emociones, cuestionar y aceptar su origen para poder modificar actitudes y formas de pensar, han rendido frutos.
 
El amor no tiene por qué doler. Sufrir no es una opción en el amor.
 
Me costó mucho aprender, pero sin duda voy por el camino correcto y no voy sola. Me acompañan mujeres inteligentes, profesionales, incansables, admirables, amorosas, sororas. Amigas todas.
 
Disfruto la vida en solitaria. También disfruto la vida en pareja. No estoy peleada con el amor, ni encerrada ni cerrada a él. La vida me irá marcando el camino, yo iré tomando las decisiones.
 
 
"Todos somos libres para ir  y venir, para llegar, para quedarnos y para irnos: no podemos obligar a nadie a que nos corresponda solo porque nosotras estamos enamoradas." Coral Herrera 
 

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