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Senderistas Mulegé

Escrito por Patricia Valenzuela Lugo en Martes, 19 Marzo 2019. Publicado en Columnistas, Columnistas BCS , Literatura, Narración, Poesía

El municipio de Mulegé posee paisajes espectaculares, lugares todavía prístinos que el ser humano no ha podido llegar a “tocar”.  Es también –el municipio- parte de la comunidad sudcaliforniana que no termina de aprovechar por completo todo su potencial turístico. 
Todos sabemos de la gran importancia y derrama económica que deja la temporada de avistamiento de ballenas, los recorridos disponibles para conocer una de las salineras más grandes del mundo; el maravilloso arte rupestre resguardado en el corazón de la imponente sierra de San Francisco. Y así, sitios icónicos por demás conocidos, lugares que todas aquellas personas que se jacten de amar el mundo deben o deberían ya haber visitado. Y por supuesto, recomendado ampliamente. No obstante, nuestro municipio tiene entrañas todavía más profundas e íntimas que vibran silentes a la espera que el ojo del ser humano las posea. Áreas estériles, impolutas. Venas y arterias áridas, húmedas, contráctiles, siempre con vida.  
Ante esto, un grupo de personas interesadas en impulsar el turismo alternativo en todo el municipio, hombres y mujeres pertenecientes a las Direcciones de Turismo y del Deporte municipal y estatal, organizaron el primer curso taller de senderismo, aquí en Santa Rosalía.
  
Desde que supe del curso me atrajo la idea de participar; soy amante de recorrer y conocer los rincones más escondidos no sólo del Estado, sino del país completo, y creo que hacerlo de una manera segura y correcta es primordial para disfrutarlo aún más. 
 
Pues bueno, me inscribí y pasé a formar parte de las más de 30 personas que conformamos el grupo y que recibimos aproximadamente quince horas de teoría, que incluyeron temas por demás interesantes e importantísimos, algunos de ellos fueron fundamentos y conceptos prácticos del senderismo, su relación e impacto con el medio ambiente, seguridad, tipo de material y equipo adecuado e impacto socioeconómico. Expuestos de una manera sencilla y sobre todo práctica. 
Me gustó mucho la relación que todas las personas que asistimos establecimos con el instructor cuya experiencia es vasta y profesional. Cada una de nosotras aportamos algo al compartir  las experiencias de nuestro andar por los senderos  que de manera “empírica” hemos recorrido. 
Fuimos un grupo diverso, mujeres y hombres,  adultos y jóvenes entusiastas con una amplia visión para emprender nuevos proyectos, y que nos quedamos  con las ganas de más, mucho más por querer aprender.  
 
Pero el culmen del curso fue el domingo dedicado a la práctica de campo.  
 
La aventura inició a las seis de la mañana en las oficinas de Desarrollo Social, de donde partimos en una caravana de autos hacia el restaurante que se ubica en el complejo volcánico Las Tres Vírgenes, a 30 kilómetros de aquí.  Algunos desayunamos ahí, otros prefirieron pedir sus burritos para llevar y comer durante la jornada. Quien conoce el lugar podrá imaginarse el maravilloso espectáculo de ver al volcán la Virgen iluminándose por los primeros rayos del sol. El luminoso y tierno manto cayendo cálidamente sobre ella -¿o él?- –la Virgen- que se mantuvo altiva y despectiva ante esas caricias. 


 
El clima que se mostró benévolo permitió disfrutar de tan esplendoroso momento y también por supuesto, tomarnos la clásica fotografía grupal con sendas constancias en mano.  
 
Una vez que nos adentramos en vehículo quince kilómetros más, pudimos entonces iniciar nuestra travesía a pie. El cañón del Azufre nos abrió sus arterias para que lo recorriéramos.  El principio fue lento, sin embargo, poco a poco tomamos el ritmo del accidentado y pedregoso sendero, cuyo primeros metros  en descenso me hicieron ir con cuidado para no resbalar,  hasta que por fin topamos de frente con la entrada al cañón cuya magnificencia me empequeñeció.  
 
Me gustó algo que comentó Saúl –el instructor- justo antes de iniciar la caminata, porque coincidí con él; para mí, caminar cualquier sendero es un acto místico, porque lo tomo como oportunidad para la introspección y el análisis. Es la imperante e impostergable necesidad de conectarme con mi ser interior, con la ser humana frágil y vulnerable que se fortalece ante tan imponente paisaje. Es volver a repensar a esas personas que hace miles de años estuvieron ahí mismo viviendo la dura batalla de la vida en un mundo que para nadie más existía, mientras al otro lado del mundo la vida, esa misma, era ya bullicio. Por eso me gusta caminar en silencio y hasta un poco  en soledad. Disfruté la sensación de saberme  fusionada con el pasado, en especial con esas mujeres a las que imagino fuertes, recias, valientes  y amorosas. 
Me asombró observar las capas de estratos en las rocas; si tan solo supiera leer lo que en ellas se inscribe. Me impresionó sobremanera las diferentes tonalidades y texturas de las diversas formaciones rocosas, sus altitudes y sus formas, algunas tan caprichosas. 
Hay tanta información que me gustaría poder entender y retener, como por ejemplo esa gran cantidad de fósiles marinos incrustados en algunas rocas.  
De los momentos más mágicos fue justamente verme y saberme frente y dentro de la cueva de los fósiles. Tener en mis manos objetos de tanto valor histórico, no cualquiera.  Fascinante e inenarrable.


Caminar y caminar bajo un cielo nítido y claramente azulado, escuchar el eco de otras voces perderse en el infinito o llevadas por el viento hacia lugares todavía más inhóspitos y desconocidos, o engullidas por los espíritus de los guerreros, o por las almas inocentes y traviesas de niñas y niños que corrieron desnudos con los ojos entrecerrados mirando al Sol. Todo valió la pena. 
Observé restos de obsidiana, seguramente con la que fabricaron sus flechas y utilizaron para cazar y finalmente alimentarse para poder sobrevivir. 
Me dijeron que ese lugar es muy importante ya que fue la principal cantera de obsidiana de toda la península. 
Tengo  grabado de manera nítida el pequeño ojo de agua que encontramos a nuestro paso, la gran higuera, las zonas donde la ceniza cubre el suelo, el zalate cuya raíz emergía hegemónica de una  roca. Y bueno, las pinturas rupestres; una pequeña cueva donde observé figuras pequeñas -nada que ver con el gran mural en La Pintada, de San Francisco de la Sierra- en forma de animales –ballenas, quizá-, otras que me parecieron estrellas fugaces o medusas, otra langosta, no lo sé y algunas líneas que según mi apreciación forman las siluetas de los tres volcanes.


En fin, cada quien interpreta lo que quiere o lo que puede ver. Al final nuestras conclusiones son el  resultado de una extraña y ambigua combinación: conocimientos e imaginación. Según estos entonces, según los conjuguemos,  resultará lo extenso o corto de la historia que fabriquemos, que alimentemos o soñemos y eso no tiene comparación. El ejercicio de contar y compartir lo que pensamos, creemos y sentimos es el plus en este tipo de recorridos. 
Ese fue el punto de retorno, muchos en silencio debido al cansancio. Cinco horas de caminata empezaron a hacer mella en la conversación y en el andar que se tornó menos ávido, más parsimonioso. Mi paso fue un intentar digerir la carga de historia que emana de ese cañón y sus hermosos y sinuosos y místicos senderos. 
Regresar con el viento frío golpeándome el rostro, fue como si la naturaleza intentase volverme a la realidad. Con el cansancio dentro de mis botas, sobre mis hombros y espalda. Con la mente aturdida, algo semejante a haber vivido un revelador sueño ancestral. En el que desperté y volví a ver que los tres volcanes permanecían inmutables y solemnes  e igual de majestuosos.  
 
La Virgen, el Viejo y el Azufre: herencia de la naturaleza al romper la tierra.

 

Todas las personas que asistimos sabemos perfectamente qué instituciones hicieron posible este primer curso taller de senderismo, (Dirección de Turismo e INSUDE) sin embargo para mí, tuvo rostro de mujer. Una mujer que a pesar de tener poco tiene de conocer, admiro. Es líder, inteligente, entusiasta, visionaria, emprendedora, sorora. Este viaje  le constó caídas, torceduras y algunos incidentes más, que por fortuna no fueron graves (a menos que la Pega-pega no se le haya quitado ni con la lavadora). 
Agradezco con todo mi corazón a Verónica García, porque puso su alma para que este evento tuviera los mejores resultados, lo logró sin duda. 
 
Deseo que este sea el inicio de una serie de cursos para capacitar a todas las personas interesadas en hacer turismo alternativo en el municipio, para así darle una proyección diferente, más diversa a Mulegé.  Así turistas y locales podremos seguir conociendo los hermosos senderos que nos habitan y nos llevan a encontrarnos no únicamente con esa naturaleza, sino con otra parte de la propia, la que cada uno posee.
Que Mulegé se enriquezca también en cultura ambiental para poder hacernos más conscientes de los tesoros que nos rodean y de todo lo que debemos trabajar para ya no seguir lastimando su medio ambiente.
 
Gracias a todas las personas involucradas, espero que el sendero de la vida en algún momento nos vuelva a reunir.



Patricia Valenzuela Lugo
https://www.instagram.com/libelula_10/

 
“…sentí que mis pulmones se inflaban con la avalancha de escenarios: aire, montañas, árboles, personas. Pensé: esto es lo que es ser feliz.”  
 
De: Sylvia Plath (poeta estadounidense).
 
Lecturas sugeridas:

1.- Historia y arte de la Baja California, de María Teresa Uriarte.

2.- Pinturas rupestres, misiones y oasis de la península de Baja California, de Elizabeth Acosta            Mendía, María de la Luz Gutiérrez, Leonardo Varela Cabral. 

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