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LA TEORÍA, COMPAÑERO, LA TEORÍA…

Escrito por José Antonio Sequera Meza en Jueves, 30 Junio 2016. Publicado en Ciencia, Literatura, Opinión

A los intelectuales[1] también les ha llegado el proceso del final de los tiempos. La pendencia entre la objetividad y la subjetividad parece, al menos en las llamadas ciencias  sociales,  pérdida –irremediablemente pérdida, por la objetividad. El problema radica en que en realidad Occidente divide elementos que no se pueden dividir: lados de una misma moneda. Se cree en la subjetividad porque eso permite aprehender el objeto más que desde una sola forma: el yo.

            Ya le he reiterado al lector que me encanta ver y escuchar el mundo; porque, de repente,  veo y escucho oraciones maravillosas.  En cierta disertación nocturna un amigo comentó que el ensayo era un pensar solitario del autor, que expondría una cuestión subjetiva, que no profundizaba en el tema; pero, sobre todo, era un regodeo de yo porque el ensaYO contenía al yo dentro de la palabra misma. Como el asombrando lector, no supe que decir.

            Todos los sistemas caen, hasta los teóricos.  Pero no creo que implique la subordinación al yo; si se habla de una subjetividad, ese marco semántico debería aceptar la inminente posibilidad de que en el mundo se coexiste con perspectivas, finalmente con narradores desde diferentes puntos de vista. Lo pienso y me detengo, mi yo invadiendo todo; me imagino el hermoso texto de Reyes, Alfonso,  Visión de Anáhuac (1519), escrito en primera persona, parafraseo:

“En sus estampas, finas y candorosas, según la elegancia del tiempo, aprecio[2] la progresiva conquista de los litorales; barcos diminutos se deslizan por una raya que cruza el mar; en pleno océano, se retuerce, como cuerno de cazador, un monstruo marino, y en el ángulo irradia picos una fabulosa estrella náutica. Desde el seno de la nube esquemática, sopla un Éolo mofletudo, indicando el rumbo de los vientos —constante cuidado de los hijos de Ulises—.” (Reyes, pág 16)

            El original en Reyes dice, “se aprecia”, narrado intencionalmente en tercera persona del singular para presentar la memoria de lo que él ve  y cómo los europeos vislumbran América; pero, además es el narrador que introduce al lector en la pintura: la cámara de Alfred Hitchcock en “la ventana indiscreta”, envidiaría la cercanía del lector con la pintura.

            Terminado el éxtasis de la pintura, Reyes nos dice: “Deténganse aquí nuestros ojos: he aquí un nuevo arte de la naturaleza”.  Sin notar siquiera el lector está junto al narrador; ese salir del primer plano nos muestra que la pintura tenía su propio narrador. Ahora estamos parados al lado de Reyes, sabemos que es el autor quien nos habla e incluye; el cual, finalmente, desea mostrarnos el otro lado: América, en especial, el valle de Anáhuac (¡Asombrosamente estamos viendo desde afuera, desde Europa!). Este cambio de perspectiva se da justamente al final de un apartado, para ingresar en otro: estamos en el umbral de la ventana, simulada por los dos puntos.

            Después el narrador en primera persona, el “yo”,  cuando aparece, se recubre de voces: entre ellas la de Cortés.  “Los gigantescos ídolos – afirma Cortés – están hechos de una mezcla”; la primera impresión es que Reyes ha utilizado los guiones porque es el narrador quien interrumpe la intervención del personaje; pero también nos recuerda que nosotros estamos a su lado: nos regresa a ese plano. Sabe que nos podemos perder entre lo que él nos describe, cuenta (su propio yo) y lo que él nos dice que describe el personaje. Diálogo, además, como debe ser entre todo humanista que se precie, entre libros.

            Finalmente, en la última parte del ensayo nos impone otro plano:

“Cualquiera que sea la línea histórica que se profese (y no soy de los que sueñan en perturbaciones absurdas de las tradiciones indígenas, y ni siquiera  fío demasiado en perturbaciones de la española), nos une con la raza de ayer.” (Reyes, pág 18)

            El yo de Reyes se asoma por la ventana: nos dice aquí estoy. Los paréntesis usados inciden porque precisan el yo, pero también cuenta con dos usos más: diferencian las precisiones del yo que nos narraba, y por tanto, los planos. Dos, es en realidad un uso teatral: una acotación del autor; en ese asomarse, pues, parece decirnos: tú pensabas que estaba a tu lado, pero estoy de este otro: soy autor.

            La conjugación de las tres personas el yo, el nosotros, él, representan una polifonía que  nos enmarca en un escenario histórico, a través del cual nos guía.  Reyes nos brindó el espacio, la iluminación, el decorado, los sonidos, el vestuario, desde 1519 a 1915. No es nadie el yo del Reyes sino recurre a su propia escritura identitaria: revestido de historia el yo del Reyes puede enfrentarse al mundo moderno. Sabe quién es y de dónde viene.

            No creo que exista en el ensayo mexicano del siglo XX un trabajo como el de Reyes. Pero, sobre todo, porque hemos perdido esa herencia cultural de Reyes: no sólo su Ilustración y humanismo  helénico; sino la propia relectura de sus textos. Con ello nos hemos perdido de la reflexión de su sistema crítico. De su teoría.  Lo hemos, pues, reconocido como autor de textos, pero no como maestro, generador de un sistema.  La teoría compañeros, la teoría,

            Curiosamente, en donde fue mejor leído: Argentina y Cuba, por mencionar dos latitudes, Reyes obtiene lo más vital para su trabajo: discípulos, entre ellos, Jorge Luis Borges; José Antonio Portuondo.

            No es, pues, una cuestión de si escribimos o no bien, grotescamente o clásicamente, el asunto radica en que sin un constructo teórico nuestra primera escritura secretará sólo porciones de ese espíritu en explosión; o será copia de algún otro pensador de otro tiempo y/o espacio (la importación de ideas es eso); o tal vez, el creador verá subyugada su creación a los caprichos del mecenas.

            Sólo en los jóvenes, guardo aún esa esperanza, se puede construir un pensamiento crítico de su propio sistema de referencias[3] ya que en la juventud en esencia radicaliza todo principio, teórico o estético[4].



[1] Tenemos que precisar mejor. Al libre pensador, ese sueño ilustrado, el fin le ha llegado. No hay posibilidades en el mundo acuoso de hoy. Cada día más, el llamado intelectual actual se suma a “equipos” de trabajo. Para así integrar una democracia en el pensamiento mismo.
[2] La modificación es mía.
[3] Para que a los doctores no les moleste la conjunción de los términos “crítica del sistema”; y con ello entiendan: marxismo.
[4]  No sé el lector, pero  el sendero crítico de los jóvenes es extraño: fundamentalmente, no se oponen a lo que los subyuga en lo inmediato, sino a lo que es exterior a ellos. Protestan por la guerra norafricana; mientras a su alrededor existe hambre e injusticia; o una guerra oculta. Tal vez han aprendido a no morir, a que no sean asesinados, y esperan que los norafricanos protesten por su miseria e injusticia. No lo sé, pero espero su despertar.

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